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Editorial

07 de Enero de 2009
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¿Ven cómo no era cierto que «los pisos siempre suben»?

09/07/2008
Si alguien piensa aún en volver a invertir en inmuebles, que se lo tome con mucha calma: las últimas estadísticas confirman que el «ladrillo» tardará en tocar fondo.

Durante años, mucha gente repetía que «el precio de la vivienda nunca cae», como si fuera un dogma de fe, una de las pocas claves seguras para acertar al invertir nuestro dinero. Pero también muchos recordábamos que no es así. Los precios de la vivienda han retrocedido con frecuencia en mercados más maduros, como el estadounidense, el alemán, el británico o el japonés. Pero también en otros tan peculiares como el español. El último retroceso fue en 1993, y lo constataron las estadísticas de Sociedad de Tasación, las mismas que ahora se hacen eco de una caída del 1,2 por ciento en el precio de la vivienda nueva durante el primer semestre. Si a eso le añadimos una inflación superior al 2,5 por ciento en el mismo periodo, la caída real de la vivienda de nueva construcción puede bien acercarse al 4 por ciento en el semestre. Conviértase en tasa anual y obtendremos un retroceso –insisto, en términos reales, considerando la inflación– del 8 por ciento en el valor de un capital que hipotéticamente hubiéramos invertido en un piso o en un chalet nuevo a principios de año Sin olvidar que, además, los últimos datos son sobre vivienda tasada, es decir, sobre la que se ha realizado alguna operación. Pero otros informes certifican que la compraventa de pisos está cayendo en picado: hasta los registradores de la propiedad, por quienes inevitablemente tienen que pasar todas las operaciones realizadas, reconocen que el número de compraventas es entre un 30 y un 50 por ciento inferior (según zonas) al de hace un año, mientras que se multiplican las operaciones relacionadas con los cada vez más frecuentes embargos. Y esa parálisis en las transacciones se puede comprobar no sólo en la creciente proliferación de carteles de «se vende», sino también en las páginas de anuncios inmobiliarios, donde a los ya frecuentes «urge vender» se unen mensajes aún más apremiantes, como «se aceptan ofertas». Y si el retroceso en los precios ya se constata en las estadísticas (y seguramente se confirmará en los próximos datos del Ministerio de la Vivienda, el 15 de julio), el de la actividad constructora es un hecho. Frente a las 800.000 viviendas al año de los tiempos de la locura del ladrillo (ya saben: se construía en España tanto como en Alemania, Francia y Gran Bretaña juntas), este año podemos pasar a unas casi anecdóticas 50.000 viviendas construidas, suma a la que se puede llegar con algunas cooperativas, pequeñas promociones y la actividad «minorista» de los ciudadanos que se están haciendo una casa en el pueblo. Si el verano era en otros tiempos época propicia para explorar el mercado (que además se dinamizaba en las zonas ahora más congeladas: las costeras), este año no será así. Quienes ya estén con la caña de pescar gangas, que tengan calma. Las aguas va a estar revueltas aún bastante tiempo.



  

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